Desde Irlanda a Jerez, María ya tiene su medalla

Después de haberme tenido que retirar en la última prueba, terminar el Iroman de Dún Laoghaire (Irlanda), fue toda una satisfacción personal. La prueba anterior en Mequinenza no fue posible, sufrí muchísimo, me deshidraté. Después de vomitar varias veces, tuve que dejarlo en el kilómetro 64 de la bici. Más que no terminarla, lo que me dolió fue no haber podido llevarle la medalla que le prometí a María. Por eso, era muy importante no volverle a fallar. 

La bici volvía a estar rota, ¡y con esta, ya van tres!

Partía hacia Irlanda con mucha ilusión, pero con muchas dudas, y por qué no decirlo, también con miedo. No está siendo un año fácil y estoy sufriendo más de lo habitual.

Una vez que llegué tenía claro el objetivo: traerle la medalla a María. El sitio era espectacular. Nada más llegar y revisar todo el material, la bici volvía a estar rota, ¡y con esta, ya van tres! Suerte que encontré una tienda muy especial donde un señor muy amable se volcó cuando le conté el reto solidario. ¡Muchas gracias, David!

Por lo demás, estaba todo perfecto, como siempre, tocaba descansar mucho porque tenía que llegar a la meta.
Antes de empezar la natación había mucha niebla, y me volvieron a surgir dudas. Pero logré concentrarme y nadé muy bien. 

Luego fue el turno de la bici, el recorrido era peligroso, con muchas subidas y bajadas. ¡Nunca he frenado tanto! 

En la carrera empecé a encontrarme cansado pero sabía que solo tenía que dejarme llevar, la meta estaba cerca, y ¡llegué por fin!

Cuando me pusieron la medalla, todos esos miedos se convirtieron en lágrimas. María tenía por fin la suya. Había estado muy presente conmigo en todo el recorrido.

Tocaba descansar y regresar a España. Nada más llegar, llamé a sus padres para ir a verla.

En Jerez fue muy emocionante, me acompañaron en esta ocasión mi madre y mi hijo Juan, que lo hizo más especial. Allí estaba ella, 5 añitos, le pregunté si le había dicho que la quería y con su acento jerezano me dijo: “sí, muchas veces”.

Desde aquí quiero agradecer a sus padres, Anabel y Alberto, a su hermano Alberto el cariño con el que me trataron.

Ya de vuelta estaba muy emocionado porque María tenía por fin su medalla.

Antonio, Albertito, Ainara y María ya la tienen. Faltan tres, ¡queda mucho por delante con la misma ilusión que siempre!

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