De Lisboa a Jerez con Albertito

Seguimos con el #RetoPichón 2019, sigo dando todo lo que tengo para entregarles esas medallas a sus dueños, a cada uno de mis 7 niños.

La segunda prueba del reto era por Alberto y me llevaba a la ciudad de Lisboa. Albertito, como le llaman cariñosamente, es un nuevo amigo al que tuve la suerte de conocer hace unos meses. 7 años tiene y 7 años lleva regalando sonrisas, ilusión, esperanza a todo aquel que tiene la suerte de conocerlo. ¡Es brutal!. ¿Cómo una “personita” tan pequeña tiene la capacidad de detener el mundo, de darte lecciones de vida a mí y a todos los que tiene a su alrededor?

Por estos motivos y muchos más, el viernes por la tarde cogí el coche y puse rumbo a Lisboa. Tras más de cinco horas de viaje llegué a la capital lusa con las pilas cargadas, con muchísima ilusión, mentalizado del objetivo, de que mi lucha, mi afán de superación no era otro que el de poner en el cuello de Albertito esa medalla por ganar cada día su batalla.

Esa noche, me metí pronto en la cama. Después del largo viaje necesitaba descansar, sabía que al día siguiente me esperaba una jornada muy dura. Cerré los ojos, respiré hondo, pero fue imposible, no podía dormirme. Los nervios y las dudas no me dejaban, mi cabeza solo podía pensar en la prueba, en acabarla, en no desfallecer. El tiempo pasaba y seguía despierto cuando, de repente, escuché el sonido de un mensaje en mi móvil, un mensaje de Albertito. Era un video donde me deseaba la mejor de las suertes para la prueba y, me dejaba claro, que él no tenía ninguna duda de que la terminaría. Lo escuche unas pocas de veces y lo sentí ahí, conmigo, dándome ese aliento que necesitaba para afrontar la dura prueba que me esperaba en pocas horas. Tras llenarme de su energía, de su positividad, me dormí. Sin saberlo, esas palabras fueron justamente las que me hacían falta para emprender el reto con confianza y actitud. Las dudas habían desaparecido y solo tenía en mente el acabar la prueba, otro final no era admisible. ¡Gracias Albertito por cruzarte en mi camino y darme fuerzas!.

Y llegó el gran día. Amanecí temprano, desayuné, me preparé e hice la última revisión de todo el material. El día era perfecto en cuanto a condiciones meteorológicas y las sensaciones eran buenas. He de decir que físicamente me encontraba mucho mejor que en la prueba de hace 15 días, prácticamente recuperado de la neumonía que me atizó hace ahora un mes.

3, 2, 1, … y al agua. Comencé nadando y genial: Al igual que en las anteriores ocasiones, esta es la especialidad en la que a día de hoy me siento mejor. 

Tras salir del agua, tocaba darle a los pedales. Me monté en la bici y comencé con la que sabía, iba a ser la etapa más dura de este Ironman. Los últimos kilómetros se me hicieron eternos, no lograba ver el final por mucho que pedaleara pero, una vez más, en mi cabeza apareció Albertito para darme ese último empujón que me llevaba a la meta.

La medalla estaba cada vez más cerca, solo me separaban de ella 21 kilómetros, ¿y qué es eso?. NADA. 21 kilómetros no son nada cuando el premio a alcanzar es la felicidad de un niño. Así que corrí, corrí lo más rápido que pude para cruzar la meta y que me dieran la tan merecida medalla de Albertito, el único y gran campeón de esta historia.

Muy cansado, tras concluir la prueba recogimos y me despedí de Lisboa. Estaba deseando llegar a casa, necesitaba descansar y prepararme para el mejor viaje, el que me llevaría a Jerez para llevarle a su dueño la medalla.

A los pocos días de regresar a Sevilla, hablé con sus padres y les pedí permiso para ir a ver a mi amigo y darle su regalo. Sin demorarlo más, volví a coger el coche y me fui a Jerez, a la sede de la Fundación Upacesur, donde me esperaba Albertito con la mejor de sus sonrisas. No puedo explicar con palabras lo que supuso pasar ese rato con él, parece que el mundo deja de girar, tiene una capacidad superior a la del resto de personas que he conocido. Con su mirada te hace ver qué es lo que verdaderamente importa en la vida, te descoloca, pone patas arriba todo lo que hasta ahora pensabas que era lo “normal” y, sobre todo, te hace ver que los discapacitados somos los demás, aquellos que no creemos que las barreras se pueden derribar.


Albertito es quien es gracias a las personas que lo rodean: María José y Alberto sus padres, sencillamente espectaculares. Como siempre digo, ellos sí que son los verdaderos Ironman. Qué decir de su hermana, Alejandra, una alegre niña de 11 años que desprende una energía especial, llena de ternura, de amor, que mima y cuida de su hermano pequeño. Su tío, Jose Antonio, otro de los pilares de Albertito, siempre dispuesto a lo que haga falta.

Antes de irme le entregué a Albertito el regalo de una persona muy importante, Antonio Barrio, mi fisio, mi amigo, uno de los grandes responsables de mis logros, la persona que me cuida y trabaja conmigo a diario para llegar en las mejores condiciones a cada uno de mis retos. Cuanta ilusión al abrir el regalo y encontrarse con Batman, un pijama y un disfraz para un héroe de verdad. 

Se acababa el día, me despedí de todos, me metí en el coche y, una vez dentro, se me saltaron las lágrimas por la emoción de todo lo vivido esa tarde. Durante el camino de vuelta no podía parar de pensar en Albertito y en su familia, en todo lo que me habían enseñado. ¡Gracias, amigo!

Por cierto, junto con el regalo de Antonio, ya tengo colgado tu regalo Albertito, ¡fue increíble!

Ahora toca seguir con el #RetoPichón 2019. 5 son las pruebas que me quedan y 5 los niños que tendrán sus medallas. ¡Hasta la próxima!

Si quieres colaborar con el #RetoPichon 2019 haz tu donación al IBAN de la Fundación UpaceSur ES43 2100 8540 8222 0065 9417 (La CAIXA) con el concepto #RetoPichon.

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